Hace algún tiempo, lei en algún sitio web que Robert De Niro se había reunido con Martin Scorsese para conversar la diea de rodar la secuela de Taxi Driver. ¿será una buena idea hacer una segunda parte de una película que ya es perfecta por sí sola?
Mis primeros recuerdos de Taxi Driver provienen de aquella primera exposición a la película: un Jueves 7 de julio de 1994. Ya levaba tres meses con cable en mi casa, por lo que mi visionado de películas había aumentado considerablemente. Como en ese tiempo no había censura previa para la exhibición de televisión paga, podía ver películas "rated R" en horario pra menores. Y Taxi Driver es de esas películas.
Más que por la violencia que pueda contener la película, la clasificación de "restricted" está bien aplicada. Un cabro de trece años difícilmente puede comprender cabalmente todo lo que Martin Scorsese quería transmitir en la que es, por lejos, su mejor película. Y la mejor película en muchísimo tiempo, desde cierto punto de vista.
Taxi Driver es un crudísimo relato sobre lo más decadente de nuestra sociedad urbana. Ahí aparecen los peores elementos que se pueden encontrar sicóticos, proxenetas, prostitutas, traficantes de drogas y armas, asaltantes de poca monta y políticos (¿políticos? si, políticos :p), todos mezclados con gente normal. Taxi Driver desmitifica la romántica New York que nos mostraba Disney y las comedias románticas. Taxi Driver está impregnada de sucia realidad, la que respiramos a diario, ya sea en New York o en Santiago.
Toda esta veradera basura la canaliza el taxista nocturno Travis Bickle (un excelentemente increible [¿acaso existe ese calificativo?] Robert De Niro, en una de las mejores actuaciones de su carrera), un tipo común y corriente, uno de los tantos veteranos de Vietnam que trataban de ganarse la vida al igual que el resto. Travis sufre de insomnio, no puede conciliar el sueño y se desvela. De los cines porno nocturnos pasa a manejar un taxi en condiciones deplorables, trasladando un montón de gente de la que sólo puede salir a esas horas.
Travis es poco sociable, y prácticamente no tiene relaciones de ningún tipo. De ahí a que desarrolle obsesiones: primero, con Betsy (Cybil Sheppard), una chica que trabaja para la campaña presidencial de senador Palantine; y luego con Iris (la, en ese tiempo, novel Jodie Foster), una prostituta adolescente. Con Betsy todo fracasa, al no saber Travis las maneras "normales" de comportarse. Betsy se aleja y Travis vuelca su frustración y odio en la figura del candidato.
La violencia va consumiendo a Travis. Tiene la necesidad de limpiar en algo la horrenda ciudad en la cual vive. No lo tiene bien claro, pero sabe que no puede seguir así. Dentro de sus limitaciones, va viendo que la única manera de empezar a cambiar las cosas es cometiendo un acto simbólico. Volcar la violencia hacia los focos principales. Pero, al mismo tiempo, quiere redención. Travis la busca desesperadamente. Y logra encontrarla en Iris, la pequeña prostituta. Travis se obsesiona con la idea de sacarla de las garras de su proxeneta (Harvey Keitel) y devolverla a su pueblo de origen. Pero no puede hacerlo sin algo significativo.
Travis se ve en una encrucijada que ni él mismo logra comprender. La putrefacción humana de New York ya es parte de él. Sólo ahí se puede pasar de ser un villano a un héroe, como le ocurrirá al final.
Pero, ¿hará realmente algún cambio significativo? Es ahí el verdadero dilema. Uno al que nos vemos enfrentados a diario. Lo que hace la ciudad con Travis es volverlo sicótico sin la necesidad de serlo. Travis se alimenta de toda la maldad, egoismo y malas intenciones de la vida nocturna.
Esta hace mella en su mente y se vuelve uno de ellos. Y su dilema siempre será moral más que existencial. Donde queda más claro es en la escena donde se mira a le spejo y prueba sus recién adquiridas armas. Ensaya la maldad, ensaya su "lado oscuro", ensaya su rudeza. Estar siempre alerta en mediod e toda la locura. El "you talkinŽ to me?" se lo pregunta al resto, más que a su propio reflejo en el espejo. El antihéroe en su máxima expresión.
Por todas estas cosas, Taxi Driver sigue estando tan vigente como en 1976, cuando se estrenó originalmente. Nos demuestra quue el mundo no ha cambiado tanto en estos 29 años.
Lo que logra exponer Taxi Driver a través de toda su crudeza es difícil de comprender a la primera. Especialmente si se tiene sólo trece años si se ve por primera vez. Claro que, después, me quedó claro.
O, al menos, eso creo. Debería ir a verla de nuevo ahora mismo.
On July 20 2005
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