Hace mucho tiempo que quería redactar este texto. Fácil, desde hace un año y medio. Pero nunca había encontrado el momento para redactarlo con relativa calma. Admitámoslo: cuando se trata de Michael Jackson (de ahora en adelante, Maikol o Wacko Jacko, dependiendo del mood del segundo :p), pareciera que todos tienen su juicio benevolente para él.
El recuerdo más antiguo que tengo de Maikol es el video de Thriller, el corto que dirigió John Landies, inaugurando en serio la era de los videoclips con ultra mega súper hiper producción. Maikol de zombie, bailando con otros zombies. Puta que me daba miedo! (igual que el evr a Gene Simmons de Kiss moviendo su lengua y tirando sangre mientras tocaba el bajo; ahora, ambas weás me dan risa :p).
Y (casi) todo el mundo le perdona absolutamente todo a Maikol, el Wacko Jacko. ¿Qué más se puede pedir, claro está, si Maikol es un icono de la cultura pop? Como todo icono que se precie de tal, despierta una más que curiosa nostalgia. Es más, pareciera que Wacko Jacko es capaz de llevarnos de inmediato a la más pura infancia (al menos, eso quisiera él, jejejje :p), haciéndonos recordar que los movimientos de baile perfectamente coreografiados e interpretados por un ser andrógino siempre serán atractivos para los infantes que aun no descubren cosas en la vida.
Maikol hizo su fortuna al llevar a límites insospechados el ser un entretenedor. Partiendo desde niño, vendió su alma, su niñez y su salud mental a, en ese entonces, creciente industria musical, que supo aprovechar al máximo esa cosa indefinida que siempre definió a Jacko, desde esos tiernos años junto a sus hermanos en The Jackson 5 (quizás el último grupito pop salido de la fábrica de hits de Motown). Cuando Maikol pasó a esa edad conflictiva de la adolescencia, debe haberse visto atrapado en el monstruo que ya estaba comenzando a formarse. Y, según las reglas doradas de la industria, hay que exprimirle el jugo a lo que lo está produciendo. Y Maikol siguió el juego.
No son pocos los que me dicen que sus discos Off The Wall y Thriller son clásicos y de los mejores discos de todos los tiempos. Algunos, incluso, son capaces de colgar sus viejas ediciones en vinilo como si fuesen un cuadro de honor al que hay que venerar. Claro, cientos de millones de personas no pueden equivocarse, ¿cierto?
Yo creo que, más que si están en lo correcto o no, es hay que aplicar un poco el contexto: Maikol es producto de la masificación de la industria musical. ¿Talento como compositor? Que eso lo concluya cada uno. ¿Calidad como intérprete? También, que cada cual lo vea. Lo que sí es cierto es que el fenómeno de Wacko Jacko trasciende lo netamente musical. Sin MTV ni mercadotecnia de marketing, no habría llegado a cada hogar el mundo. En cierto sentido, Michael Jackson es el paradigma de la hegemonía de la cultura occidental para las masas: un producto ambiguo que sea capaz de tocar las sensibilidades de la mayor cantidad de gente; ultraproducido, ya pensado como producto y no como expresión artística; capaz de generar leyenda en torno a su enigmática figura; y, por sobre todas las cosas, generar un look que apele a todos lso estratos, no importando si eres negro o blanco.
Sus cirugías, sus cambios radicales de look y sus excentricidades ya son parte del mito urbano de Wacko Jacko. Las diversas acusaciones de índole sexual, algo que sus fanáticos acérrimos niegan con vehemencia, como cuando acusan a su monito preferido de ser raro y de ser un monstruo. Me quedo con la lúdica y ácida frase referencial que el maestro de maestros de los Weekend Update de Saturday Night Live, el gran Norm MacDonald: homosexual pedofile, para referirse a Maikol, el Wacko Jacko.
Maikol ha llenado nuestros recuerdos de infantes con imágenes simbólicas y ambiguas, llenas de paisajes en donde todos pueden ser niños y amarse (fraternalmente) unos con otros. En Neverland trató de cristalizar ese sentimiento. Neverland, la misma que está vendiendo ahora por apuros económicos, al igual que parte del catálogo completo de The Beatles, el mismo que le quitó con no muy wenas artes a su amigo Paul McCartney a mediados de los 80. Del par de colaboraciones a la traición. Así es Maikol, el capitalista de la música por excelencia durante los 80. El de los comerciales de Pepsi. Ese mesmo.
Disfruto muchísimo de ese ícono de la cultural occidental que fue el cisma d ecomienzos de los 90 con el florecimiento de lo independiente y nuevas sonoridades que siempre estuvieron ahí pero que tanta laca, tanto baile y tanta weá de imagen no dejaban ver. Todoe so cristalizado en el minuto en que NEvermind, el clásico segundo disco de Nirvana, sacó del número uno de la Billboard a Dangerous, el disco con el que Maikol intentó pasar a los 90s. Las denuncias de abuso a menores, el desgaste y, derechamente, la falta de consistencia hicieron que fuera cayendo cada vez más.
Ahora se le recuerda con nostalgia. Genera discusión y debate (que weón eres al no gustarte Maikol!, ¿cómo puedes mirar a huevo lo que Maikol hizo?, etc), y deja en evidencia los vicios de la maquinaria del mainstream.
¿Qué opinan de Maikol? ¿Tenían sus cassettes cuando chicos? ¿Trataban de imitar sus pasos de baile? ¿Le guardan simpatía o les genera repulsión su sola mención? Comenten.
On January 26 2007
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