una salida también es una entrada / si te pones del otro lado
Lo escribí hace tiempo y lo encontré hace poco. . . creo que ahora me hace más sentido que antes, excepto por algunas cosas. . . siempre hay excepciones, y la verdad. . . no importa. . .
sábado 19 de mayo de 2007
Desperté, temprano, antes de que saliera el sol. Agarré algo de ropa, algo de plata, algo de mí, algo de valor... lo metí todo en mi mochila, me puse sus dos brazos en mis dos hombros, y caminé a la puerta de salida, que esta vez era de salida para nunca más ser entrada. Miré la sala por última vez, y cerré la puerta despacio... para no despertar a nadie, aunque quizás debiera cerrarla de un portazo para despertar hasta. . . no, mejor la dejo abierta, hagamos como si no hubiera puerta, mejor ¿no?
Bajaré los escalones sin dudar, abriré la puerta de vidrio, y será un nuevo día, como cualquier día para el viejo que vende diarios en el quiosco de Agua Santa, como cualquier día para la niña que va al colegio con su lonchera preparada por su mamá, como cualquier día hubiera sido para mí, si no hubiera sentido la necesidad de irme para respirar esos nuevos aires que me llamaban en cada sueño, en cada letargo, cada vez que me desconcentraba en el acto, ahí estaba, me decía que fuera, que con calma pero sin olvidarlo.
Y ya era tiempo, desde niña había sentido la convocatoria, desde niña me estaba invitando a romper con la comodidad, con el sedentarismo y mi rutina.
Muchas veces cuando nos íbamos de viaje sentía como me emocionaba con la sensación de no volver nunca, con que un árbol me llevara hacia la espesura del bosque. Pero luego venía la angustia, lo que era y no debía dejar de ser. Lo que tenía y no quería dejar de tener. Lo que amaba y no podía dejar de amar. Entonces dejaba de pensar en ésto, y era fácil, estaba de vuelta en un viaje con pasaje de vuelta, con mi madre acariciándome la cabeza en la parte trasera del auto, con el sol tibio calentándome los brazos y el tronco, era bueno, era pleno y lo tenía.
Pero ya no existía ese miedo en mi: lo comprobé imaginándome en la espesura del bosque como cuando era pequeña. No, había desaparecido, la angustia ya no brotaba desde ninguna parte de mi, podía quedarme en el bosque sin ansias de correr a las faldas de mi madre y había perdido el miedo a perder. Ya era hora.
Cerré la puerta, y quedé afuera de la casa, la siempre nuestra casa.
"¿hacia donde voy?" me pregunté.
Fui hacia muchos lugares luego, que sería tan difícil e inútil describir. Las sensaciones, los amigos y lo construido. Las carreteras, los bosques, los reencuentros, forman parte de esta película que es mi vida, que es lo que más llena, por no decir lo único. Los olores y sabores. Las películas, y las canciones: pasajes al pasado, cada vez que las miro me veo aqui o allá, son olores, son visiones, son sensaciones y me voy, me voy yendo otra vez, una vez más, hasta que no quiera, y ahí me hundiré entre las hojas secas que un niño pisará y me aplastará y yo saldré y lo abrasaré, le diré hola hijo, hola niño, hola extraño, él correrá lejos y yo lo veré alejarse y doblar hacia donde yo ya no puedo observarlo, entonces buena suerte le digo, y me hundo otra vez en las hojas, esta vez creo que dormiré... cuando despierte estaré... ¿estaré?
On October 01 2008
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